Monotonía. Odio la monotonía. A tal punto de meterme en problemas para poder salir de la rutina aunque el daño casuado sea irreversible.
La rutina sabatina de ensayar en una orquestina ya me está hartando, solo sigo asistiendo por el gusto de hacer música, de aportar mi grado de arena y vincularme con la melodía. Soy ajena a todo lo demás; a ellas, con sus bromas y conversaciones animadas, quienes en un inicio eran mi prioridad.
Ahora me siento excluida.
Ya no tengo las mismas ganas de ir a saludar a la baterista o reír sobre trivialidades con mi mejor amiga y su grupo.
Las cosas cambiaron.
Hoy tocaron dos canciones que me recordaron a ellas, y me puse muy sentimental.
No hablo tanto con la baterista como lo hacía antes.
Mi mejor amiga viajó lejos.
Volver a tocar esos temas significa revivir sentimientos y recuerdos tal como estaban, es abrir heridas; y realmente no estoy preparada para eso.
Quizá otra excusa más para quedarme sea ese momento después del ensayo, cuando camino por la calle con audífonos puestos. Algo único y difícil de conseguir.
No quiero perderlo.
Pero siento que no voy a durar mucho tiempo así, algún día llegará el momento en el que ya no lo aguante, y cuando suceda probablemente no habrá marcha atrás.
06/10/18
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